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Si invertimos como Warren Buffet, ¿seremos exitosos como él?

5 febrero, 2015

La forma en que las personas deciden sus inversiones está impregnada por su personalidad, que se manifiesta en los diferentes estilos de inversión que adoptan los inversores.

En el mundo de las finanzas esta quién invierte a largo plazo, el que busca seguridad ante todo, el amante del riesgo, diversos perfiles de inversor pero todos pueden justificar con argumentos racionales su comportamiento. Pero en el fondo hay algo más que tiene que ver con su carácter que condiciona su estilo de inversión.

Warren Buffet es uno de los hombres más ricos del mundo y ha hecho su fortuna gracias a su exitosa carrera como inversor. Dicen quienes los conocen que su forma de vida es bastante austera teniendo en cuenta su fortuna, y como ejemplo se cita el hecho de que siga viviendo en la misma casa que se compró cuando se casó hace más de 50 años en Omaha, Nebraska. No parece casualidad que una persona de estas características haya hecho de la búsqueda de compañías “baratas”, un estilo de inversión.

El “estilo Buffet” está basado en la filosofía del “value investing” (detectar compañías infravaloradas respecto a su valor intrínseco) que aprendió de su mentor Benjamin Graham. Esta filosofía de inversión pone de manifiesto que Buffet necesita la mayor certidumbre posible y huya de lo nuevo y desconocido para él. De ahí que uno de sus principales principios sea “nunca invierta en un negocio que no pueda entender”.

La preferencia de Buffet por las compañías con alta generación de caja que no requieran grandes reinversiones en el futuro es un claro reflejo de su austeridad personal, de su cuidado por no gastar más de lo necesario y acumular la mayor cantidad de dinero posible, no por avaricia sino por seguridad. Esa capacidad para detectar compañías baratas pero de calidad podría compararse a la habilidad que tienen algunas personas para encontrar algún producto que merece la pena entre las rebajas de los grandes supermercados o tiendas. Otros lo intentan y no lo consiguen. Muchos ni se molestan, porque no les gusta comprar las cosas baratas que asocian con baja calidad y siempre optan por lo caro.

La filosofía del “value investing” está en teoría al alcance de cualquiera. Con los medios actuales, a través de una computadora, se pueden ver o analizar los ratios (es decir, la relación costo-beneficio) de las empresas más cotizadas del mundo y, con esos datos, elegir compañías con el criterio que queramos. Aunque no hay que olvidar, que eso no es suficiente. Hace falta algo más, esa capacidad intuitiva para, más allá del análisis de los datos, ser capaz de distinguir lo bueno entre lo barato.

En definitiva, y siempre que nos movamos dentro de los límites de la racionalidad económica y del mercado, no hay un método de inversión mejor que otro. Se trata más bien de dar con la filosofía que más se ajusta a tu personalidad y habilidades específicas. Esto vale tanto para el inversor profesional como para el que acude a un asesor en busca de una estrategia de inversión que conecte con sus características.

Y vos, qué opinas… ¿Qué te parece el método de inversión de Warren Buffett? ¿Crees que podés imitarlo? Contanos en los comentarios.

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